miércoles, 5 de septiembre de 2012

TEXTO FINAL DE LA CRÓNICA: "La primera vez que..."


 MI GRAN PÉRDIDA

Por: María Fernanda Sandoval Quiñonez





Era un día soleado, un poco caluroso, para cualquier persona era un día perfecto para ir de paseo, ir a piscina o disfrutar de un grandioso día familiar, pero lastimosamente todo ese panorama no concordaba con lo que sucedía dentro de mí ni con lo que estaba pasando en mi familia. Fue el 7 de agosto de 2008, mi nonito ya venía presentando serios problemas de salud, estaba luchando contra una neumonía que lo indisponía. Yo estaba donde mi tío Mario con mi hermana, mi tía y mi prima, era la hora del almuerzo y decidimos bajar a la casa de mi nona. Cuando llegamos, Nefer, un amigo de la familia, entró a preguntar por mi nono e inesperadamente sonó el teléfono, era mi mami, que estaba acompañando a mi nono en la clínica junto con el resto de la familia. Mi tía contestó, después de tener el teléfono en la oreja por aproximadamente unos diez segundos sin decir nada, lo colgó y soltó en llanto. Me quedé mirándola fijamente, presentía que algo malo había sucedido, pero guardaba la esperanza de que no fuera lo que me imaginaba.

Me dieron la noticia, mi tía fue la encargada, sentí que todo se me bajaba, quedé en shock. A mi mente se vinieron innumerables recuerdos sobre él, me acordé de su sonrisa, de sus abrazos, de los momentos que pasé junto a él. Quería pensar que era mentira, que eso no estaba sucediendo, pero era imposible, lo irremediable había ocurrido. En mi familia ya habían sucedido casos similares, pero fue hace mucho tiempo, yo estaba muy chiquita y no lo recuerdo.

Mi nonito había muerto y yo tenía que aceptarlo. Nunca había sentido eso, no podía ocultar mi llanto, mi tristeza, sólo pensaba en que no lo volvería a ver, en que no lo volvería a abrazar, en que ese abuelito que amaba, que me demostraba su amor, que me compraba bombombunes, que siempre disfrutaba de mi presencia, que se emocionaba por mis logros y sufría por mis tristezas se había ido y sólo lo volvería a ver en fotos, en sueños o en mis recuerdos.

Cuando mi familia paterna se enteró de lo sucedido, mi hermana mayor y mi prima Ingrid fueron a visitarnos.  Cuando llegaron estábamos muy afectados, todos estábamos tristes, desilusionados, sin ganas de hablar porque sentíamos que si lo hacíamos no íbamos a aguantar la tentación de llorar. Se quedaron un buen rato haciéndonos compañía y después de varias horas se fueron con un poco de satisfacción, ya que lograron tranquilizarnos y hacer que nos olvidáramos por un momento del triste suceso.

Por la tarde llegó mi mami, estaba un poco afectada pero ella trataba de controlarse por nosotras, para no preocuparnos más. Todos mis tíos se arreglaron, se vistieron y se fueron a la funeraria, yo me quedé con mi tía en la casa porque aunque ya tenía conciencia de lo que pasaba, mi mami decidió que era mejor que no fuera. En la funeraria, según lo cuenta mi mami, poco a poco fue llegando toda la familia, porque aunque es decepcionante, la familia se reúne cuando se pierde un miembro de ella.

Al día siguiente fue la misa en la iglesia del mutis, y como es usual en estos casos, me vestí de negro. Cuando entraron el cajón donde descansaba el cuerpo de mi nono, otra vez sentí esa sensación horrible, ese nudo en la garganta que no me dejaba aguantar el llanto. Sentía desespero de saber que ahí, delante de mí estaba mi nono, pero que no podía verme, escucharme, sentirme, que no podía abrazarlo ni recordarle cuánto lo quería.

Al finalizar la misa todos se fueron al cementerio, pero yo decidí irme para la casa, quería recordar a mi nono como lo conocí, como la última vez que lo vi y no con la imagen de la tierra cayendo encima de su cajón y dejándolo sepultado en ese pasto.

Ya han pasado cuatro años desde su partida, pero cada aniversario de su muerte lo recuerdo como mi nono querido y aún hoy, escribiendo estas líneas, me da nostalgia y siento que me encantaría tener la posibilidad de volver a verlo y sentirlo.



Mi PRIMERA PIJAMADA




Un día de 2010, en una madrugada fría y opaca  como era muy común, desperté entre somnolienta y feliz ya que sabía que iba a ser un día muy especial. Por un lado tenía un esperado paseo que había programado el colegio y, por otro, mi mayor causa de felicidad en este día era que mi mejor amiga tendría una pijamada conmigo y se quedaría todo el fin de semana jugando y divirtiéndose en mi casa.
                                           
Era una ocasión muy esperada para mí ya que había sido aplazada por mucho tiempo. Las llamadas a su casa todos los días para ver si sus padres la dejarían ir era mi mayor preocupación, me inquietaba la idea de que no la dejaran venir. Por suerte esto nunca sucedió, todo estaba por hecho, mi amiga se quedaría en mi casa.

Después de salir de mi casa, como era común todos los días para coger la ruta que me lleva al colegio, subí muy emocionada y encontré que mi amiga Mafe me tenía un puesto guardado en el que me senté con ansias de lo que me esperaba para ese día. Al llegar a mi salón, todas las niñas estaban ansiosas por irnos al paseo pero yo solo seguía pensando en la pijamada que era mi momento esperado. Cuando llegamos a moncowa todas se bajaron  muy felices. Hicimos una caminata, miramos árboles y animales hasta que por fin volvimos al colegio para volver a nuestras casas. Mafe y yo definimos la hora del encuentro y acordamos que la esperaría en la portería a las 6:00 de la tarde.

Después de esperar demasiado tocaron mi puerta, con una gran emoción abrí y abracé a mi amiga e inmediatamente empezamos a jugar. Después de un tiempo se instaló en mi habitación y empezamos a hablar. Mafe iba muy descomplicada, su cabello suelto, un pantalón licra y una camisa de tela suave. Ella llegó un poco tarde porque a su mamá le dolía la cabeza, entonces demoraron un poco más.

A la mañana siguiente nos levantamos muy temprano, desayunamos, reposamos y no esperamos para irnos a la piscina, nos pusimos los trajes de baño y nos fuimos inmediatamente. El lugar estaba solo, soleado y a la vez fresco, estábamos felices porque tendríamos toda la piscina para nosotras solas por varias horas entonces podríamos jugar a carreras y todo lo que quisiéramos. Cuando llegamos a la casa lo único que queríamos era dormir ya que estábamos rendidas por lo que habíamos nadado y jugado. Después de comer nos fuimos a dormir.

Al otro día nos despertamos con mucha energía, desayunamos y jugamos con mi  wii todo el día. Jugamos deportes como tenis y boxeo, aunque también jugamos Mario, juegos de carreras y muchos más. En la tarde, como a las 6:00 o 6:30 pm, decidimos salir con mis papis a comer una hamburguesa en el corral, estaba deliciosa. Después volvimos a la casa a dormir porque era muy tarde. Al día siguiente y último día de nuestra grandiosa pijamada, después de haber desayunado, lavamos y arreglamos el jacuzzi para meternos toda la mañana. Nos divertimos y disfrutamos mucho ese rato porque jugamos con espuma, con burbujas y con todo lo que quisimos. Tiempo después nos bañamos, almorzamos y se acercaba el momento en que recogerían a mi amiga. Minutos después, su mamá llegó a recogerla, nos despedimos con un fuerte abrazo, yo le agradecí por haber compartido esos días conmigo. Así terminó mi primera pijamada que la disfruté al máximo.


MI TÍO ALEX

Por: Yady Paola Espejo Velásquez




El seis de diciembre del 2011 a las siete de la mañana me levanté con una grata y maravillosa sorpresa: mi tío Alex y su esposa habían llegado. Después de un largo viaje se encontraban en la puerta de mi casa.

Fue una gran sorpresa porque yo no lo conocía. Mi mamá lo busco durante muchos años, pero jamás supo nada de él, solo pudo saber de mi tío hasta ese momento. Él es hermano de mi mamá, pero nunca lo conoció porque él fue producto de una infidelidad de mi abuelo Carlos Arturo. Sin embargo, mi mamá nunca le tuvo rencor, pues mi abuelo, según me contó mi madre, siempre hablaba bien de él, y así debe ser porque el también es de la famila.

Mi mamá duro buscándolo once años, pues mi abuelo le pidió cuando se estaba muriendo que por favor lo buscara y le pidiera perdón por él no haberlo reconocido. Mi mamá lo buscó por internet, llamó a parroquias, pues ella sabía que él era cura, y a programas televisivos de reencuentro, pero nunca recibió buenas noticias sobre su paradero. Hasta que un día inesperado la llamó mi abuela Rosalba de Medellín, ella estaba llorando de felicidad porque había aparecido mi tío Alex, entonces con la buena noticia mi mamá con mucha alegría empezó a llorar, pero como yo no sabía lo que pasaba me preocupé porque pensé que pasaba algo muy malo, entonces decidí llamar a la señora de al lado, que es nuestra mejor amiga, entre las dos tranquilizamos a mi mamá que estaba muy nerviosa y luego nos contó lo que había sucedido.

La emoción de mi mamá y él llanto de ella fueron de felicidad porque habló por primera vez con su hermano. En ese año yo me estaba preparando para hacer la primera comunión, entonces para conocerlo mi mamá lo invitó a la celebración que se llevaría a cabo el ocho de diciembre. Él se puso muy contento porque venía a conocernos y le dijo a mi mamá que por yo ser su sobrina él me regalaba la torta para mi primera comunión con mucho cariño.

Llegó diciembre y con él mi tío Alex y su esposa Martica. Mi papá y mi hermana fueron a recogerlos al aeropuerto a donde llegaron a las siete de la mañana. Cuando llegaron a mi casa el encuentro fue muy emocionante porque todos, mi mamá, mi abuela, nuestros vecinos más cercanos y yo, salimos a saludarlos, pues teníamos muchas ansias de conocerlos, los abrazamos y lloramos de felicidad. Mi mamá le tenía preparado un rico y delicioso desayuno que tenía: arepa, huevos, chocolate, pan, galletas y queso. Todos nos sentamos a la mesa y, mientras comíamos, contamos historias de nuestras vidas, entre ellas mi tío nos conto porque se había retirado de cura y cómo había conocido a Martica su esposa, nos dijo que el amor por una mujer lo hiso retirarse de cura.

El día antes de mí primera comunión mi tío nos dio a mi hermana y a mí de regalo unos audífonos con micrófono para el computador, este regalo fue para que nos comunicáramos con él por medio de Sky. Y también me dio un celular para comunicarme con él. El día de mi primera comunión  mi tío me tomó muchas fotos en la Iglesia y en la fiesta ayudó a atender a los invitados haciendo de macero.

Durante su visita me la pase muy bien con él y la familia, porque jugábamos Rummikub, que fue un regalo de Martica, y aunque ahora él está trabajando en los Estados Unidos  estamos en contacto por teléfono y por facebook. Él quiere que mi familia y yo vallamos a visitarlo, porque él no puede venir este año, ya que tiene mucho trabajo. Ahora nosotros tenemos una muy bonita relación y nos queremos mucho, porque todos somos muy unidos y él es especial con nosotros.

FIN…


MI PRIMER ACCIDENTE



Por: Cristopher Janncarlo Arenas Prada




Hace aproximadamente ocho años, cuando estaba aprendiendo a montar bicicleta, tuve un terrible pero gracioso accidente: como a las tres de la tarde, cuando ya había almorzado, salí a montar bicicleta en un pasillo que quedaba en medio de un muro y una casa esquinera y al final de este había una canaleta. Estaba muy contento jugando con mi bicicleta nueva,  ya que apenas me la había regalado un tío una semana antes, alcancé a recorrer el pasillo siete veces ida y vuelta antes del incidente.

 Aunque la bicicleta tenía  aún las ruedas auxiliares en la parte de atrás, yo sabía manejar bien la bicicleta, ya que yo aprendí viendo a mis amigos de la cuadra y haciendo lo que ellos hacían,  así que el accidente no fue culpa mía. Todo sucedió porque la palanca del freno se quedó pegada y no quiso  frenar. Cuando se presentó la falla yo me iba acercando al final del pasillo, en donde había un murito de más o menos  unos trece centímetros de alto  y después de este había una gran colina, en la cual al final había una pared  de concreto  que medía metro y medio o dos metros de altura, además este muro tenía alambre de púas,  yo me asuste al ver el vacío porque la bicicleta no frenaba, entonces debido al miedo salte de ella: yo caí al piso mientras que la bicicleta siguió derecho y chocó  contra el muro más pequeño  y rodo loma abajo, chocando con el muro que tenía alambre de púas.

Cuando buscaba la forma de sacar mi bicicleta del abismo donde había caído,  llegó mi papá a ver que me había pasado, pues un niño de la cuadra le había  avisado. Él llego asustado, porque  lo note en las expresiones de su rostro, estaba pálido y preocupado por ver si me había pasado algo. Como no me había sucedido nada  pues no tenía ninguna herida,    mi papa me regañó y me entró,  mientras tanto él se quedó  tratando de sacar la bicicleta del lugar en donde había caído. Finalmente mi papá rescató  la bicicleta, y al siguiente fin de semana yo ya  estaba nuevamente montando en  mi bicicleta,  pues no tenía miedo de caerme nuevamente.

Este fue para mí un accidente gracioso porque fue mi primer accidente, hoy me acuerdo de este incidente  con alegría,  pues vivo para contarlo y aunque he tenido otras caídas la que más recuerdo es esta. En este momento de mi vida, cuando  tengo doce años, todavía sigo montando bicicleta y haciendo travesuras, por ejemplo  hoy,  primero de septiembre, me caí de un árbol por tratar  de bajar mi cometa de las ramas de donde había quedado enredada. Me gusta jugar y divertirme, y por eso  cuando me caigo  no lloro, ni me disgusto,  pues se que del suelo uno no va a pasar. 



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