MI GRAN PÉRDIDA
MI TÍO ALEX
Por: María Fernanda Sandoval Quiñonez
Era un
día soleado, un poco caluroso, para cualquier persona era un día perfecto para
ir de paseo, ir a piscina o disfrutar de un grandioso día familiar, pero
lastimosamente todo ese panorama no concordaba con lo que sucedía dentro de mí
ni con lo que estaba pasando en mi familia. Fue el 7 de agosto de 2008, mi
nonito ya venía presentando serios problemas de salud, estaba luchando contra
una neumonía que lo indisponía. Yo estaba donde mi tío Mario con mi hermana, mi
tía y mi prima, era la hora del almuerzo y decidimos bajar a la casa de mi
nona. Cuando llegamos, Nefer, un amigo de la familia, entró a preguntar por mi
nono e inesperadamente sonó el teléfono, era mi mami, que estaba acompañando a
mi nono en la clínica junto con el resto de la familia. Mi tía contestó,
después de tener el teléfono en la oreja por aproximadamente unos diez segundos
sin decir nada, lo colgó y soltó en llanto. Me quedé mirándola fijamente,
presentía que algo malo había sucedido, pero guardaba la esperanza de que no
fuera lo que me imaginaba.
Me dieron
la noticia, mi tía fue la encargada, sentí que todo se me bajaba, quedé en
shock. A mi mente se vinieron innumerables recuerdos sobre él, me acordé de su
sonrisa, de sus abrazos, de los momentos que pasé junto a él. Quería pensar que
era mentira, que eso no estaba sucediendo, pero era imposible, lo irremediable
había ocurrido. En mi familia ya habían sucedido casos similares, pero fue hace
mucho tiempo, yo estaba muy chiquita y no lo recuerdo.
Mi nonito
había muerto y yo tenía que aceptarlo. Nunca había sentido eso, no podía
ocultar mi llanto, mi tristeza, sólo pensaba en que no lo volvería a ver, en
que no lo volvería a abrazar, en que ese abuelito que amaba, que me demostraba
su amor, que me compraba bombombunes, que siempre disfrutaba de mi presencia,
que se emocionaba por mis logros y sufría por mis tristezas se había ido y sólo
lo volvería a ver en fotos, en sueños o en mis recuerdos.
Cuando mi
familia paterna se enteró de lo sucedido, mi hermana mayor y mi prima Ingrid
fueron a visitarnos. Cuando llegaron
estábamos muy afectados, todos estábamos tristes, desilusionados, sin ganas de
hablar porque sentíamos que si lo hacíamos no íbamos a aguantar la tentación de
llorar. Se quedaron un buen rato haciéndonos compañía y después de varias horas
se fueron con un poco de satisfacción, ya que lograron tranquilizarnos y hacer
que nos olvidáramos por un momento del triste suceso.
Por la
tarde llegó mi mami, estaba un poco afectada pero ella trataba de controlarse
por nosotras, para no preocuparnos más. Todos mis tíos se arreglaron, se
vistieron y se fueron a la funeraria, yo me quedé con mi tía en la casa porque
aunque ya tenía conciencia de lo que pasaba, mi mami decidió que era mejor que
no fuera. En la funeraria, según lo cuenta mi mami, poco a poco fue llegando
toda la familia, porque aunque es decepcionante, la familia se reúne cuando se
pierde un miembro de ella.
Al día
siguiente fue la misa en la iglesia del mutis, y como es usual en estos casos,
me vestí de negro. Cuando entraron el cajón donde descansaba el cuerpo de mi
nono, otra vez sentí esa sensación horrible, ese nudo en la garganta que no me
dejaba aguantar el llanto. Sentía desespero de saber que ahí, delante de mí
estaba mi nono, pero que no podía verme, escucharme, sentirme, que no podía
abrazarlo ni recordarle cuánto lo quería.
Al
finalizar la misa todos se fueron al cementerio, pero yo decidí irme para la
casa, quería recordar a mi nono como lo conocí, como la última vez que lo vi y
no con la imagen de la tierra cayendo encima de su cajón y dejándolo sepultado
en ese pasto.
Ya han
pasado cuatro años desde su partida, pero cada aniversario de su muerte lo
recuerdo como mi nono querido y aún hoy, escribiendo estas líneas, me da
nostalgia y siento que me encantaría tener la posibilidad de volver a verlo y
sentirlo.
Mi PRIMERA PIJAMADA
Un día de
2010, en una madrugada fría y opaca como era muy común, desperté entre
somnolienta y feliz ya que sabía que iba a ser un día muy especial. Por un lado
tenía un esperado paseo que había programado el colegio y, por otro, mi mayor
causa de felicidad en este día era que mi mejor amiga tendría una pijamada
conmigo y se quedaría todo el fin de semana jugando y divirtiéndose en mi casa.
Era una
ocasión muy esperada para mí ya que había sido aplazada por mucho tiempo. Las
llamadas a su casa todos los días para ver si sus padres la dejarían ir era mi
mayor preocupación, me inquietaba la idea de que no la dejaran venir. Por
suerte esto nunca sucedió, todo estaba por hecho, mi amiga se quedaría en mi
casa.
Después
de salir de mi casa, como era común todos los días para coger la ruta que me
lleva al colegio, subí muy emocionada y encontré que mi amiga Mafe me tenía un
puesto guardado en el que me senté con ansias de lo que me esperaba para ese
día. Al llegar a mi salón, todas las niñas estaban ansiosas por irnos al paseo
pero yo solo seguía pensando en la pijamada que era mi momento esperado. Cuando
llegamos a moncowa todas se bajaron muy felices. Hicimos una caminata,
miramos árboles y animales hasta que por fin volvimos al colegio para volver a
nuestras casas. Mafe y yo definimos la hora del encuentro y acordamos que la
esperaría en la portería a las 6:00 de la tarde.
Después de
esperar demasiado tocaron mi puerta, con una gran emoción abrí y abracé a mi
amiga e inmediatamente empezamos a jugar. Después de un tiempo se instaló en mi
habitación y empezamos a hablar. Mafe iba muy descomplicada, su cabello suelto,
un pantalón licra y una camisa de tela suave. Ella llegó un poco tarde porque a
su mamá le dolía la cabeza, entonces demoraron un poco más.
A la
mañana siguiente nos levantamos muy temprano, desayunamos, reposamos y no esperamos
para irnos a la piscina, nos pusimos los trajes de baño y nos fuimos
inmediatamente. El lugar estaba solo, soleado y a la vez fresco, estábamos
felices porque tendríamos toda la piscina para nosotras solas por varias horas entonces
podríamos jugar a carreras y todo lo que quisiéramos. Cuando llegamos a la casa
lo único que queríamos era dormir ya que estábamos rendidas por lo que habíamos
nadado y jugado. Después de comer nos fuimos a dormir.
Al otro día nos despertamos
con mucha energía, desayunamos y jugamos con mi
wii todo el día. Jugamos deportes como tenis y boxeo, aunque también
jugamos Mario, juegos de carreras y muchos más. En la tarde, como a las 6:00 o
6:30 pm, decidimos salir con mis papis a comer una hamburguesa en el corral,
estaba deliciosa. Después volvimos a la casa a dormir porque era muy tarde. Al
día siguiente y último día de nuestra grandiosa pijamada, después de haber
desayunado, lavamos y arreglamos el jacuzzi para meternos toda la mañana. Nos
divertimos y disfrutamos mucho ese rato porque jugamos con espuma, con burbujas
y con todo lo que quisimos. Tiempo después nos bañamos, almorzamos y se
acercaba el momento en que recogerían a mi amiga. Minutos después, su mamá
llegó a recogerla, nos despedimos con un fuerte abrazo, yo le agradecí por haber
compartido esos días conmigo. Así terminó mi primera pijamada que la disfruté
al máximo.
MI TÍO ALEX
Por: Yady Paola Espejo Velásquez
El seis de diciembre del
2011 a las siete de la mañana me levanté con una grata y maravillosa sorpresa:
mi tío Alex y su esposa habían llegado. Después de un largo viaje se
encontraban en la puerta de mi casa.
Fue una gran sorpresa porque
yo no lo conocía. Mi mamá lo busco durante muchos años, pero jamás supo nada de
él, solo pudo saber de mi tío hasta ese momento. Él es hermano de mi mamá, pero
nunca lo conoció porque él fue producto de una infidelidad de mi abuelo Carlos
Arturo. Sin embargo, mi mamá nunca le tuvo rencor, pues mi abuelo, según me
contó mi madre, siempre hablaba bien de él, y así debe ser porque el también es
de la famila.
Mi mamá duro buscándolo once
años, pues mi abuelo le pidió cuando se estaba muriendo que por favor lo buscara
y le pidiera perdón por él no haberlo reconocido. Mi mamá lo buscó por
internet, llamó a parroquias, pues ella sabía que él era cura, y a programas
televisivos de reencuentro, pero nunca recibió buenas noticias sobre su
paradero. Hasta que un día inesperado la llamó mi abuela Rosalba de Medellín,
ella estaba llorando de felicidad porque había aparecido mi tío Alex, entonces
con la buena noticia mi mamá con mucha alegría empezó a llorar, pero como yo no
sabía lo que pasaba me preocupé porque pensé que pasaba algo muy malo, entonces
decidí llamar a la señora de al lado, que es nuestra mejor amiga, entre las dos
tranquilizamos a mi mamá que estaba muy nerviosa y luego nos contó lo que había
sucedido.
La emoción de mi mamá y él
llanto de ella fueron de felicidad porque habló por primera vez con su hermano.
En ese año yo me estaba preparando para hacer la primera comunión, entonces
para conocerlo mi mamá lo invitó a la celebración que se llevaría a cabo el
ocho de diciembre. Él se puso muy contento porque venía a conocernos y le dijo a
mi mamá que por yo ser su sobrina él me regalaba la torta para mi primera
comunión con mucho cariño.
Llegó diciembre y con él mi
tío Alex y su esposa Martica. Mi papá y mi hermana fueron a recogerlos al aeropuerto
a donde llegaron a las siete de la mañana. Cuando llegaron a mi casa el
encuentro fue muy emocionante porque todos, mi mamá, mi abuela, nuestros
vecinos más cercanos y yo, salimos a saludarlos, pues teníamos muchas ansias de
conocerlos, los abrazamos y lloramos de felicidad. Mi mamá le tenía preparado
un rico y delicioso desayuno que tenía: arepa, huevos, chocolate, pan, galletas
y queso. Todos nos sentamos a la mesa y, mientras comíamos, contamos historias de
nuestras vidas, entre ellas mi tío nos conto porque se había retirado de cura y
cómo había conocido a Martica su esposa, nos dijo que el amor por una mujer lo
hiso retirarse de cura.
El día antes de mí primera
comunión mi tío nos dio a mi hermana y a mí de regalo unos audífonos con
micrófono para el computador, este regalo fue para que nos comunicáramos con él
por medio de Sky. Y también me dio un celular para comunicarme con él. El día
de mi primera comunión mi tío me tomó
muchas fotos en la Iglesia y en la fiesta ayudó a atender a los invitados
haciendo de macero.
Durante su visita me la pase
muy bien con él y la familia, porque jugábamos Rummikub, que fue un regalo de
Martica, y aunque ahora él está trabajando en los Estados Unidos estamos en contacto por teléfono y por
facebook. Él quiere que mi familia y yo vallamos a visitarlo, porque él no
puede venir este año, ya que tiene mucho trabajo. Ahora nosotros tenemos una
muy bonita relación y nos queremos mucho, porque todos somos muy unidos y él es
especial con nosotros.
FIN…
MI PRIMER ACCIDENTE
Por: Cristopher
Janncarlo Arenas Prada
Hace aproximadamente ocho
años, cuando estaba aprendiendo a montar bicicleta, tuve un terrible pero
gracioso accidente: como a las tres de la tarde, cuando ya había almorzado,
salí a montar bicicleta en un pasillo que quedaba en medio de un muro y una
casa esquinera y al final de este había una canaleta. Estaba muy contento
jugando con mi bicicleta nueva, ya que
apenas me la había regalado un tío una semana antes, alcancé a recorrer el
pasillo siete veces ida y vuelta antes del incidente.
Aunque la bicicleta tenía aún las ruedas auxiliares en la parte de
atrás, yo sabía manejar bien la bicicleta, ya que yo aprendí viendo a mis
amigos de la cuadra y haciendo lo que ellos hacían, así que el accidente no fue culpa mía. Todo
sucedió porque la palanca del freno se quedó pegada y no quiso frenar. Cuando se presentó la falla yo me iba
acercando al final del pasillo, en donde había un murito de más o menos unos trece centímetros de alto y después de este había una gran colina, en
la cual al final había una pared de
concreto que medía metro y medio o dos
metros de altura, además este muro tenía alambre de púas, yo me asuste al ver el vacío porque la
bicicleta no frenaba, entonces debido al miedo salte de ella: yo caí al piso
mientras que la bicicleta siguió derecho y chocó contra el muro más pequeño y rodo loma abajo, chocando con el muro que
tenía alambre de púas.
Cuando buscaba la forma de
sacar mi bicicleta del abismo donde había caído, llegó mi papá a ver que me había pasado, pues
un niño de la cuadra le había avisado.
Él llego asustado, porque lo note en las
expresiones de su rostro, estaba pálido y preocupado por ver si me había pasado
algo. Como no me había sucedido nada pues no tenía ninguna herida, mi
papa me regañó y me entró, mientras
tanto él se quedó tratando de sacar la
bicicleta del lugar en donde había caído. Finalmente mi papá rescató la bicicleta, y al siguiente fin de semana yo
ya estaba nuevamente montando en mi bicicleta,
pues no tenía miedo de caerme nuevamente.
Este fue para mí un
accidente gracioso porque fue mi primer accidente, hoy me acuerdo de este
incidente con alegría, pues vivo para contarlo y aunque he tenido
otras caídas la que más recuerdo es esta. En este momento de mi vida,
cuando tengo doce años, todavía sigo
montando bicicleta y haciendo travesuras, por ejemplo hoy,
primero de septiembre, me caí de un árbol por tratar de bajar mi cometa de las ramas de donde había
quedado enredada. Me gusta jugar y divertirme, y por eso cuando me caigo no lloro, ni me disgusto, pues se que del suelo uno no va a pasar.



No hay comentarios:
Publicar un comentario